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unlugardondearder

Despedido....................

Despedido....................

Un compañero de profesión ha sido despedido hoy por haber puesto a caer deun asno a sus jefes a travésde su blog. Dos cosas. Por un lado, mierrrrda de sociedad de información en la que nos movemos. No puedes tirarte un pedo sin que se entere todo el mundo. Mierrrrda de sociedad de información en la que nos movemos (bis) en la que, a pesar de todos los adelantos del mundo no puedes decir lo que quieres, que te despiden...
Y dos. Si sabes para quien trabajas, no seas mameluco. No muerdas la mano de quien te da de comer, aunque sea un gañán con pulgas. A menos que no te arrepientas (este compañero se arrepiente, y mucho, de haber hablado de más y de que le haya costado el puesto), mantén tu boca cerrada.
Dos bis: Queda mucho mejor entrar en el despacho de tu superior y cagarte en su viuda. ¿No? Más romántico, menos cutre, menos modernete... Igual de esta manera no te había costado el puesto...

Su muerte nos dio la vida

Su muerte nos dio la vida

Hace 25 años moría John W. Lennon. No voy a poner frases bonitas, porque ya están todas escritas y porque su palabra vale más que la mía. Algunos dicen que era un alcohólico maltratador. Yo también lo creo, pero las creencias son la base de los equívocos. Así simplemente me quedo con lo que transcendió.

God is a Concept by which
we measure our pain
I don't believe in magic, I don't believe in I-ching, I don't believe in Bible, I don't believe in Tarot, I don't believe in Hitler, I don't believe in Jesus, I don't believe in Kennedy, I don't believe in Buddha, I don't believe in Mantra, I don't believe in Gita, I don't believe in Yoga, I don't believe in Kings, I don't believe in Elvis, I don't believe in Zimmerman, I don't believe in Beatles
I just believe in me...and that reality

The dream is over
What can I say?
the Dream is Over
Yesterday
I was the Dreamweaver
But now I'm reborn
I was the Walrus
But now I'm John
and so dear friends
you'll just have to carry on
The Dream is over

Repertorio

Repertorio

El día 23 de diciembre volvemos a tocar en Clamores. El dueño quedó encantado con la cantidad de gente que llevamos (gracias), y nos intentará programar una vez cada dos meses más o menos.

Esta vez el repertorio, que para eso sois vosotros los culpables de que volvamos a tocar, lo haremos entre todos. Proponed canciones, a ver si resulta que alguna nos gusta y la tocamos...

Besos.

(La foto es porque ayer volví a ver Uno de los nuestros. ¿Qué coño voy a poner? Una foto de Clamores? Anda ya!)

¿Es 'Paloma' la mejor canción escrita en castellano?

¿Es 'Paloma' la mejor canción escrita en castellano?

Ahora mismo, y después de su concierto de ayer en Madrid, creo que sí. Lo tengo que pensar un poco más, pero, simplemente, ....

Mi vida fuimos a volar....

No es una película. Es una ópera

No es una película. Es una ópera

Había escuchado muchas críticas a la última película de Woody Allen. Demasiadas para ser una del genio. Fui a verla al cine el otro día y salí del cine con la misma sensación de siempre. Allen es un director capaz de cambiar el mundo en un plano; cada secuencia parece innecesaria pero acaba por completar un puzzle. Woody Allen no es más (quien lo fuera) que un contador de historias. Es el Bob Dylan de Subterranean homesick blues con imágenes. Y esta vez, aparte de haberse mudado de ciudad, se dedica a recrearse en varios asuntos. EL primero, su pasión por la música, porque Match Point es una ópera, de principio a fin. Un tema, en principio, manido como un juguete en una cuna, pero que acaba por convertirse en un drama de proporciones mundiales. Y el segundo, la suerte. Hace mucho escribía un post acerca de esto. La suerte es lo que define quien triunfa en la vida  y quien no lo hace. Dejémonos de estupideces. De cada cien tíos con talento, uno sale adelante gracias a eso. Los demás, sombras grises de lo que podrían haber llegado a ser. El otro 99% de los que triunfan se lo deben a la fortuna. Y eso es lo que trata de hacernos entender Allen en su primera película londinense.

Y encima, aparte de todo esto, Scarlett sale preciosa. Woody Allen se ha vuelto a burlar del mundo. Una vez más. ¿Lo habrá creado él?

Hablando de fútbol

Hablando de fútbol

No es para nada mi deporte favorito. No es el del que me llevaría una colección de videos a una isla desierta. (Si son sólo de Maradona, me lo pienso), pero es el que me lleva más tiempo y al que estoy entregado gran parte del día. Y acabas cogiéndole asco y gusto a partes iguales. Asco porque está todo el pescado vendido. No hay nada nuevo. La prensa deportiva, lo que hago yo incluído, no es más que un negocio en el que se involucra a miles de lectores. Es una patraña descarnada muy cercana a lo que llaman 'prensa de sociedad', llena de tópicos, sin nadie que levante la voz. Muy poca gente sabe realmente de fútbol. Y yo me quedo realmente con aquellos que llaman sabios y que, aparte de estar todo el día viendo partidos y analizando, un poco lo que comentaba antes con aquello de la música, que no acaban de ver jugar a Messi cuando ya están buscando una nueva perla en las selecciones más recónditas, afirman que nadie sabe de fútbol en el fondo. Que todo es una cuestión de opinión.

Y a esto me quería referir. Hoy por hoy saltan a la vista dos estilos de juego y de actuación, que en el fondo se ha remontado mucho en la historia. Hay varios tipos de grandes jugadores. Los que son completos (digamos, un Fernando Hierro) y los que son mágicos (digamos, Maradona). Los que son completos hacen que se ganen títulos (digamos, Schuster o Koeman). Los que son mágicos hacen que se ganen títulos si hay alguien cerca, pero son capaces de enamorar y de dejar recuerdos (digamos, Laudrup y Romario). Los completos acaban siendo recordados al cabo del tiempo porque no llega a haber nadie como ellos (digamos, Fernando Redondo). Los mágicos son reconocidos al instante (digamos, Ronaldinho).

El Balón de Oro de este año enfrentará a este tipo de jugadores. Gerrard, que le dio la Copa de Europa al Liverpool, y Ronaldinho, que hace cosas que merecen estar en la memoria colectiva de todo el mundo, pero que ha ganado títulos de menor entidad. El Madrid contra el Barça. Di Stefano contra Maradona. Raúl contra Ronaldinho. ¿QUién ganará? Yo de momento me quedo con el Barça...

Este chico es un demonio (y cómo me gusta)

Este chico es un demonio (y cómo me gusta)

Qué grandes músicos, qué originales y qué profundo llegan... Ben Harper y sus chicos. La recomendación de la semana. (Me he vuelto a enganchar al Burn to shine y al Welcome to the cruel world. Incluso a su disco de Gospell le estoy pillando la gracia...)

 

Burn To Shine

Ben Harper

We made love until we cried and cried ourselves to laughter
Laughed until we realise our hearts were struck were fear
How in just a moment time could one see for ever after
I gently lie beside of you and dream away with my tears

Won't you let me treat you kind
We're gonna burn to shine
Won't you let me treat you kind
We're gonna burn to shine

Funny things you learn from your mama
Like the way you throw your head back when swallowing pills
Funny things you learn from your papa
Like when you're talking you just can't keep your hands still
But that was now and this is then it never lasts for long
How I miss the good old days but I'm so glad they're gone

Won't you let me treat you kind
We're gonna burn to shine
Won't you let me treat you kind
We're gonna burn to shine

I'd like to spend the time that you would like to spend with me
So you could help me out with my dependancy
'Cause I'm hoplessly addicted, addicted to your sorrow
Makes me never wanna work, beg or borrow

Won't you let me treat you kind
We're gonna burn to shine
Won't you let me treat you kind
We're gonna burn to shine
Won't you let me treat you kind
We're gonna burn to shine
Won't you let me treat you kind
We're gonna burn to shine

uf

uf

Hoy es el típico día en el que te planteas el motivo por el cual escribes sobre Ronaldo... Casi te entran ganas de pedir perdón.

D.E.P.

D.E.P.

Ha muerto un hombre lúcido. Al margen de cuestiones políticas, siempre jode que se vayan los que ponen luz sobre las cosas. Eduardo Haro Tecglen opinaba que los periodistas debían exagerar en todo lo relativo a los derechos humanos para transmitir la crudeza de la realidad. Eso es lo que dijo cuando en 1991 recibió el premio de periodismo Derechos Humanos.

DEP, Eduardo Haro Tecglen.

Qué es un clásico...

Qué es un clásico...

AHora parece que cada cosa con olor o sabor a viejo tiene el derecho casi instintivo a la denominación de 'clásico'. Veamos. Por una parte está ese tipo de gafapastismo que derrocha sabiduría cercana a lo marginal y que trata de rescatar lo menos reseñable de cada época. Luego está ese otro tipo de 'prototipo indie' que intenta llegar a lo último de cada casa. La atomización de la cultura. Y después está el pretencioso que intenta darle un valor a una obra con una denominación un tanto difusa pero molona. Pondré un ejemplo de cada. Vamos a ver. El primero, el gafapasta, es el que te trata de convencer de que Big Star son mejores que los Beatles, pero menos conocidos. Que John Lennon practicamente copió lo que hacía Alex Chilton (que por cierto se ha salvado del Katrina de coña, porque él vive en Nueva Orlenas). El segundo, el que trata de hacerte ver que el protogrupo del que salió Ryan Adams es la monda, cuando la realidad es que aún no te ha dado tiempo ni siquiera a escucharle a él. ¿Conocéis a Karl Larsson? No, verdad? Bueno, pues es el cantante de un grupo que se llama 'Last days of April'. No me ha dado tiempo a escuchar algo que me mole del grupo entero, y ya está de moda el disco del cantante en solitario. Joder, es demasiado.
El tercero del que hablo es el que se compra un disco por la portada, porque le mola, y para intentar rentabilizar su inversión y hacer ver que mola, le llama clásico. Tío, me he comprado el último de los Dandy Warhols. - Y qué tal. - Son unos clásicos tío. Vete a la mierda, el disco es una basura.
Por último está el que hace caso a estos tres y acaba en casa escuchando a Whiskeytown sin siquiera haberse puesto el Heartbraker. No me seáis pringaos, amigos, escuchad toda la música que podáis, pero no le déis más importancia de la que tiene. De cada cien discos que escuchéis saldrá medio clásico. Y lo será porque es bueno.

La velocidad y el tocino. O lo que tienen que ver los cojones para comer trigo

La velocidad y el tocino. O lo que tienen que ver los cojones para comer trigo

Mis padres nunca usaron ese refrán tan de Chamberí que era 'Qué tiene que ver la velocidad con el tocino', al cual ya Faemino y Cansado dedicaron una oda en una de sus actuaciones. Mis padres decían siempre 'Qué coño tienen que ver los cojones para comer trigo'. Bueno, pues a lo que voy, que si no acabo hablando de léxicos adquiridos y de metáforas translingüisticas. Los guerreros melendianos estos se han enfadado mucho porque varios opinemos que su ídolo es un mentecato que no puede ir 'caminando por la vida' diciendo que no se ha leído un libro nunca. Una cosa es ser sincero, que está estupendo. Muy bien, irá al cielo por buena persona. Y allí se juntará con otras muchas buenas personas que tampoco mentían ni robaban. Otra muy distinta, ser analfabeto práctico. Sí pasa por no leer libros, niños y niñas. Eso está mal. Malo, caca. O kaka, que igual así lo entendéis mejor. Tal vez requiere un poco más de esfuerzo intelectual que componer una rumba, pero en serio, que merece la pena. Y recordad: muchos escritores también eran sinceros y se ponían hasta el culo de casi cualquier cosa que entrase por la nariz. Pero nada tienen que ver los cojones...

Los guerreros melendistas, melendianos o lo que sea

Los guerreros melendistas, melendianos o lo que sea

Tremendo lo que le ha pasado a Borja. El hombre lee una entrevista en El Mundo a Melendi, ese músico de tres al cuarto que copia los ritmos de Estopa y lleva a Asturias y el chocolate por bandera manoseada, en la que el animalito decía que no se había leído un libro en la vida. Que su churri de vez en cuando le leía para dormirse... Tremendo el amiguete. Una de esas personas que sobran en la plataforma pública de los medios, que a ver si alguien le va a hacer caso y acabamos siendo un país tercermundista plagado de analfabetos que desean cantar rumbas y fumar porros como único planteamiento vital.
El caso es que de alguna manera misteriosa, Google posiciona la página de Borja cuando buscas 'Melendi' en sexto lugar, y un fan del asturiano lee el artículo y moviliza a las... 'tropas melendistas'??¿¿+*·#? En fin. El caso es que los 'tolerantes melendistas', esa pandilla de 'liberales radicales', de autómatas sin sentido y de pubertones acosados por los granos se dedica a escribir mensajes en la página de Borja conlindezas tales como: 'Eres un gilipoyas y lo uniko k t pasa es k tienes envidia' y similares. Incluso un par de ellos se las da de enterado, de cultureta progre gafapasta que respeta todos los tipos de música y tal... Lamentable. Aprendan ustedes a controlar su diarrea verborreica antes de hablar y escuchen, acepten críticas y callen después. Es lo mejor que podían hacer.

Periodismorubbish y una moda

Periodismorubbish y una moda

Es tremendo empezar a comprobar cómo el periodismo, aparte de haber acabado siendo un único medio de difusión de publicidad, que es algo que ya se tiene más o menos asumido (Franklin decía que un periódico es el trozo de papel en el que quedan algunos huecos sin anuncios para rellenar), ha terminado siendo un foco de profusión de modas. Ahora esa moda es la investigación. Demostrar al mundo del marujismo y lo chavacano que con ganchos se puede llegar a desentrañar los más oscuros misterios. Empezó aquel tipo que se infiltraba en los Ultra Sur y ahora siguen María Teresa Campos y Ana Rosa Quintana en una de esas guerras que mantienen los fétidos matinales. La una haciendo pasar a sus reporteros por camellos en discotecas light. La otra, maquillando a una de sus periodista para que parezca una pimpolla de 13 años y cazar a un pederasta. Ninguno de los dos programas eluden las conversaciones de unos periodistas demasiado metidos en su papel, con lindezas como 'si quieres una rayita me la chupas' en el caso de los camellos, para ver según ellos hasta donde podían llegar las niñas, o 'QUieres que te enseñe algo?' la señora desvergonzada y maquillada.
Tanto a nivel periodístico como policial, la utilización de ganchos es una práctica de dudosa moralidad/legalidad. La razón es muy sencilla: los ganchos incitan a cometer un delito, y por tanto alteran el desarrollo de los acontecimientos y manipulan la realidad. El libro de estilo del diario 'El País' no deja lugar a dudas sobre lo que en el mundo del periodismo se entiende por un 'gancho': "cómplice en un timo o en una estafa".
Las mañanas están en guerra. Y el periodismo se ha unido desde las cloacas.

Alta fidelidad y la independencia

Alta fidelidad y la independencia

AYer volví a ver la peli de Stephen Frears. Van ya... creo que siete con esta. Nunca me canso. Cualquiera es capaz de sentirse super identificado con Cusack, con la banda sonora, que es impresionante, y con la historia de pérdida, desconsuelo y reconquista que representa. Nick Hornby, el autor del libro, es una especie de semidios del mundo editorial anglosajón que empezó siendo tan indie como los Teenage Fanclub, pero que ha terminado escribiendo lo mismo para grandes compañías. Un tipo inteligente. El debate está abierto. La independencia debe ir unida a los cánones de publicación minoritarios o un autor debe buscar siempre el mayor número de gente posible con su libro entre las manos....

Oasis

Oasis

Aún recuerdo la guerra Blur-Oasis cuando los primeros editaron el Great Scape y los segundos el What´s the story... La historia la escriben los que vencen, pero en esta ocasión el Rock de Lux y compañía se equivocaron. Una intensa guerra mediática contra los Gallagher ha estado a punto de hundirles, pero la verdad es que el genio de Noel se ha impuesto al final. Llenan estadios. Y la verdad es una. Oasis son el mejor grupo inglés de los noventa. Su último disco es muy bueno. A pesar de lo que digan mentecatos insustanciales como D. Manrique y otra horda de críticos sin ningñun tipo de sentido común. Oasis son cojonudos. A pesar de todo. Y yo quiero tener tan poco talento compositivo como Noel Gallagher y llegar a componer Wonderwall, Live forever, Shakermaker, The masterplan, Whatever, Champagne supernova... Joder. Y The importance of being idle. El tema es genial en sí mismo. Recuerda a las grandes canciones de Kinks o de Small Faces, pero donde llega el golpe es en el video. Absolutamente genial. Rhys Ifans como protagonista y un trasnochado desfile de imágenes al servicio de una historia muy divertida. ¿La letra de la canción? Una oda a los vagos. No me digáis que no es genial...

Un descubrimiento

Un descubrimiento

Es de jack Johnson, un tipo hawaiano que ha hecho un disco cojonudo. Es colega de Ben Harper, que es otra de mis recomendaciones, y era surfista. Un tipo mu peculiar. Además le pusieron el nombre por culpa de un boxeador negro de los años 50, aunque su música no tenga nada que ver.

Do You Remember
Do you remember when we first met?
I sure do, it was some time in early September
You were lazy about it, you made me wait around
I was so crazy about you I didn’t mind

So I was late for class, I locked my bike to yours
It wasn’t hard to find, you painted flowers on it
I guess that I was afraid that if you rolled away
You might not roll back my direction real soon

Well I was crazy about you then and now
The craziest thing of all is over ten years have gone by
And you’re still mine, we’re locked in time
Let’s Rewind

Do you remember when we first moved in together?
The piano took up the living room
You played me boogie-woogie I played you love songs
You’d say we’re playing house now you still say we are

We built our getaway up in a tree we found
We felt so far away but we were still in town
Now I remember watching that old tree burn down
I took a picture that I don’t like to look at

Well all these times they come and go
And alone don’t seem so long
Over ten years have gone by
We can’t rewind, we’re locked in time
But you’re still mine
Do you remember?

La compañía

La compañía

Ya he vuelto de vacaciones. En realidad me queda aún una semana hasta que vuelva al trabajo, pero las vacaciones en cuanto a salir de mi casa ya han finalizado. He estado en Londres, como ya os contaba en el post anterior, y ayer volví de Lanzarote. Un sitio precioso, no sé si había más ingleses allí que en Picadilly la verdad, pero una gozada. Pero a lo que me quiero referir en particular en este escrito noctámbulo es a que los sitios lo son más cuando vas con quien quieres. En Londres tuve la suerte de viajar con mi padre. Es el más grande. Un hombre diplomático, complaciente, sencillo. Un gentleman. Y en Lanzarote con Laura. Mi Laura. Londres y Lanzarote merecen la pena por sí mismos, sin duda, pero gracias a los dos por hacerlos más nuestros.

Mi verano

Mi verano

Acabo de llegar de Londres. Mi hermando está pasando allí el verano entre bombas y búsquedas de trabajo sin fructificar y he aprovechado para conocer la ciudad. Impresionante. Me ha maravillado. En este verano raro en el que he pensado más que nunca en el rumbo de las cosas y en cómo deben desarrollarse los acontecimientos de mi vida me he visto sobrecogido por lo grandioso de verte minúsculo en la Historia. He pisado el mismo suelo que pisó gente que cambió los destinos de Europa y del Mundo entero. Y eso te hace sentirte insignificante. Mi vida cambiará después del verano. Sin duda.

Dami

Dami

Damián tenía 21 años. Rubio, pequeño, larguirucho pero sin ser largo, espigado sin llegar a parecer una espiga. Con los ojos más vivos que nadie podía tener. Inteligente y listo. De esos que dicen las abuelas que se podrían ganar la vida vendiendo televisores en un país de ciegos. Nieto de un afamado actor de otras épocas e hijo dudoso de un marinero argentino que decidió dejar a su vástago olvidado en el vientre de una mujer con problemas. Criado en un ambiente poco probable en una sociedad como la nuestra, en la que el consumo estaba enraizado, pero en la que la propia palabra sociedad carecía de fundamento. Experimento frustrado de responsabilidad. Desde niño había estado siendo educado por sus dos tías alcohólicas y con brotes psicóticos, lejos de su madre, dedicada en cuerpo y alma a su profesión de maquilladora de grandes producciones cinematográficas. Su abuela, la única con la cabeza sobre los hombros, había perdido la visión poco a poco y en aquel momento, a pesar de su lucidez, apenas si veía sombras sin color. Sombras que se acercaban a su monedero y arramplaban con lo que podían. El propio Damián tenía por obligación cuidar a su hermano pequeño, de dos añitos, mientras su madre iba y venía. Difícil. Muy difícil. Su casa cerca de El Escorial colmaba las ansias de niño. Allí los veranos trataban de devolver el espíritu de Peter Pan a una vida demasiado complicada. Demasiado espinosa para un crío de 15 años. Un chaval que debiera estar preocupado por dar su primer beso con lengua, por descubrir los colores de la música, por salir, por divertirse. Un chaval que en lugar de eso había aprendido el modo de rebajar el precio del costo comprándoselo a su vecinos marroquíes del Barrio del Pilar. Un niño con cara de matón a pesar de unos ojos que decían lo contrario. Un niño con alma de película de Scorcesse, pero por obligación. No era un Ray Liotta deseando pertenecer al mundo del hampa. Él lo que quería era jugar al fútbol y mirarle las tetas a la socorrista en la piscina. Como los demás.

Las andanzas de Damián en El Escorial no eran más que travesuras de chaval venido a más. No era un delincuente. Quién es capaz de juzgar al mismo demonio. Believe that life can change that you're not stuck in vain. No se te golpea en vano. Como aquel día en el que metió higos en el tubo de escape del novio de la tía que le gustaba a Fernando. Sin más. Él se lo merecía. Cómo podía ser capaz de venir a darse el palo a veinte metros del corazón roto de su amigo. Justicia poética. El coche no arrancó. Dos meses después, la chica había dejado a aquel conductor frustrado, dieciocho recién cumplidos, coche de papá, y le comía los labios al compañero de fatigas, que recuperaba su pecho poco a poco. Ese era Damián. El mismo Damián que volvía a Madrid acabado el verano y se escapaba del internado alemán en el que su madre había depositado las confianzas. Difícil. Muy difícil. Damián vendía el costo cerca de la Vaguada. Al norte de Madrid. Los gitanos de la zona le respetaban, pero no le temían. Empezó a cambiar sus hábitos. Pero llegaba el verano salvador y Damián tenía que volver a empezar de cero. Su conducta de mafioso se quedaba envuelta en el pliego de la cicatriz que tenía al lado de la ceja de montar en bici y se volvía el chaval que realmente tenía que ser. Marcaba goles con el equipo de la urbanización (tenía una zurda que recordaba al mejor Martín Vázquez) y trataba de ligar sin éxito. Cazaba grillos para meterlos en el escote de su vecina tirándolos desde la ventana (cómo chillaba), coleccionaba plumas y trataba de aprender a tocar la guitarra. Le gustaban los Chichos. Siempre iba con la canción del Vaquilla en los labios. Él nació, libre como el viento... Adoraba la letra de ese tema. La historia de un chaval que había aprendido a robar como medio de vida y que repartía lo que hurtaba con sus compañeros. Una especie de Robin Hood de los suburbios madrileños. Pero es más fácil irse que ser dejado atrás. Y así le pasó a Damián. La gente fue creciendo, porque tenía el doble de tiempo para madurar sus vidas, no sólo el verano para gastar en tonterías infantiles. Y la gente se fue yendo. Su madre falleció cuando él tenía 19 años. Una enfermedad pulmonar.
Él no sabía lo que estaba haciendo ya en esa época. Dos correccionales y el paso por un reformatorio le habían dado más contactos en el mundo de la droga. Se equivocó de cliente. Él siempre decía que vendía la mejor. Eso era lo que le decían los colombianos que le servían la cocaína. El hachís seguía trayéndolo de la manera más tradicional. Bajaba a Lavapiés y compartía ganancias con dos marroquíes. Lo subía a su barrio, mucho más al norte, y allí lo distribuía. Era sencillo. Mucha gente le conocía. Era un camello de fiar. Lo de los colombianos era otra cosa. Dos tipos trajeados le metieron un día en una furgoneta gris y le dijeron que ya no podía vender allí. Que era una zona que les gustaba y que se la cogían para su distribución. Damián amenazó con sus amigos gitanos. Los colombianos sacaron dos pistolas que parecieron del tamaño de dos sauces a la vista del chaval. Sólo una posibilidad: trabajar para ellos vendiendo su mercancía. Damián aceptó. Pensaba que con 21 años era tarde para empezar una nueva vida. Con la que llevaba podía seguir pagándose la gasolina de su scooter y las camisas de marca. Le sobraba para mantener la casa. Y solía invitar a los colegas, porque pensaba que ellos lo harían de la misma manera si tuvieran la posibilidad. El dinero es de todos, es como la energía. Y hay que compartirlo. Esa era la premisa.
Los colombianos le comentaron el trato. Le dejaban la mercancía muy barata. Sacaba casi el 40% de cada gramo. A Damián no le quedó otra y aceptó. Pero la cosa se puso fea, porque los corbatas de la furgoneta habían contratado a otros miles de críos de aquellos que venden pastillas en las noches de discoteca. El mercado se había puesto más difícil que nunca. Incluso sus clientes habituales venían menos.
Un día vendió menos de lo que le hacía falta para sufragar el coste de lo que tenía que pagar. Dos días después sus ojos miraban al cielo a través de un plástico. Esos ojos que se habían puesto bizcos de mirar tetas. Esos ojos que no se apartaban del balón de fútbol en el miserable campo de tierra de la urbanización. Esos ojos enrojecidos de frotarse cuando iba a buscar moras. Esos ojos que habían visto más cosas con 22 años que cualquiera. Esos ojos ahora yacían muertos. Su cuerpecillo desnudo estaba tendido en un descampado con un disparo en la nuca y otro en el brazo. No le mataron allí. Pero allí esperaba la llegada de la policía. Mirando al cielo.

Mierda

Mierda

Ayer me enteré de una de las peores noticias que han llegado a mi en mi vida. Cuando era más pequeño tenía una casa en el Escorial. Era mi lugar de veraneo. Allí pasé las mejores tardes de mi infancia y de mi juventud. Era muy feliz en medio del campo, con una pandilla de amigos y con millones de cosas por hacer cada día. Carlos, Fernando, Dani, Alexandra, Rosita, Laura, Judith, David, ... Los nombres se agolpan en mi memoria como los veranos, las anécdotas y las tardes buscando interés. Y hoy un nombre más que ninguno. Damián. Dami. Mi hermanito pequeño, el chaval al que siempre tratas de proteger más que a los demás, por el que sientes una debilidad especial. Un niño con problemas, pero con una sonrisa perenne. Un chaval al que tratabas de reconectar al mundo en esos días estivales con el sol cayendo por detrás de Las Machotas, que eran los montes que había detrás de nuestra urbanización. La semana pasada apareció asesinado, con dos tiros. Un asunto de drogas según parece.
http://www.larazon.es/noticias/noti_mad67456.htm
Estoy hecho una mierda. La vida vale demasiado poco. Tenía 21 años. Y no le llamé por su cumple. Puta mierda.