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Demasiado real

Demasiado real Estoy terminando estos días de leer 'El periodista deportivo', de Richard Ford, el primero de una trilogía que amablemente Anagrama me envió a principios de verano, coincidiendo con la publicación en castellano de la última entrega. Hay quien ha catalogado a Ford como un veraz heredero de Hemingway, o un continuador de R. Carver. Incluso hay quien ha metido a Faulkner en el ajo. Creo que no tiene tanto que ver con ellos como con otros autores más actuales. Su manera ácida y desgarradora de retratar esa clase media aburguesada de la costa este, ese cúmulo de circunstancias premeditadamente anodinas y carentes del interés que pudiera despertar el contexto de las novelas de los anteriores... me ha parecido sublime. Incluso da miedo el verse retratado en algunos momentos en la piel del protagonista. Demasiado real, supongo... Por cierto, ya no estoy de vacaciones.
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4 comentarios

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And with my laughter all things will be reduced to their proper size. I will laugh at my failures and they will vanish in clouds of new dreams; I will laugh at my successes and they will shrink to their true value. I will laugh at evil and it will die untasted; I will laugh at goodness and it will thrive and abound. Each day will be triumphant only when my smiles bring forth smiles from others and this l do in selfishness, for those on whom l flown are those who purchase not my goods. cheap tiffany co jewelry

El Acero del Partido -

Sólo una cosa: no creo que las ediciones de Gordon Lish a los textos de Carver signifiquen demasiado, la verdad. Son bastante normales en el mundo anglosajón, de hecho. Por ejemplo, Saul Bellow contaba tranquilamente cómo su editor se había cepillado más de cien páginas de 'Ravelestein.' Es probable, como se intuyó en su día gracias a aquella comparación de textos que sacó el New Yorker, que Lish fuera un poco más lejos que lo que suelen hacer los editores. Pero, con todo, estamos a la espera de que Lish nos deslumbre con sus propios relatos. Maxwell corregía a Cheever y también Brod editó y modificó a Kafka. Y, sin embargo, nadie niega al humorista de Praga el lugar que se merece. Sobre la poesía de Carver:

www.barcelonareview.com/22/s_jmc.htm

Un saludo.

Sergio -

De Wolfe sólamente he leído 'Ponche de ácido lisérgico'y aquel tocho incomprensible que vino a llamar 'Todo un hombre' o algo similar. Eran tiempos en los que uno soñaba con ser periodista y en los que leer a Wolfe te proporcionaba un áurea casi mística, lejos de los libros de Austral que heredabas en clase de literatura, con sus pegamentos en el lomo haciéndote toser. Carver siempre fue el horizonte, pero todo el tema de Lish ensombreció un tanto su obra, ¿no te parece? Aún así, creo que los cuentos de Catedral y 'Las tres rosas amarillas', que une de manera eterna a Carver y a Chéjov, son impresionantes y un ejemplo para mi raza. Aunque puedan estar retocados. No he leído nada de poesía de Carver, aunque sé que no la editaba Lish, lo cual hace pensar que debe ser incluso mejor que sus cuentos.
Por su parte, ya sabes que me he iniciado con Ford este verano. No creo, tras haber terminado 'El periodista...', que peque de complaciente... Creo que en el fondo está bien expuesto el ejemplo de vida destrozada por la normalidad. Lo único que puedo echarle en cara a la novela es ese contínuo vaivén de normalidad asumida con escenas dantescas que pretenden romper y demostrar que en el fondo el texto no consigue el salvoconducto para Bascombe, sino todo lo contrario. Pese a todo, y para terminar, ya sabes que soy fácil de contentar... Un abrazo.

El Acero del Partido -

Ford era uno de los tres not so golden boys que componían la primera línea de lo que se una vez se llamó dirty realism. Los otros dos miembros del equipo titular eran Wolff y Carver. Todos bebían de las mismas botellas: Twain, O´Henry, Thurber, el Hemingway menos machote -y tal vez el más interesante: ahí queda "Cat in the rain", por ejemplo-, Salinger, Cheever, Yates, entre otros. (A los gringos se les ha dado bien el cuento, sospecho que por una razón simple: es corto y eso significa ahorro: de tiempo y espacio. Bueno, aparte de la boutade hay otras razones: las revistas que compran cuentos y que permiten a los autores sobrevivir.) Pero, sobre todo, y como todos aquellos ilustres predecesores, también tiraban del que quizá sea el más grande escritor de relatos: Chéjov. De los tres realistas sucios -ejem- el mejor era Carver, incluso en su poesía, menos conocida. Sus personajes son tiernos y crueles, arbitrarios y justos: son, en definitiva, imperfectamente humanos. Y para conseguirlo le basta un relato y -lo más difícil- contarlo mediante sus actos, como hacía el maestro ruso. En sus relatos el horror convive con la belleza. Puede que haber muerto tan pronto le haya convertido en un mito que desde luego nunca quiso ser. Wolff es, por su parte, un escritor bastante mediocre, particularmente obesionado con la nieve y los divorcios. Y Ford, creo, está en el borde. Esas vidas siempre en ruido blanco, esa América algo desolada, plagada de malls y bares y contemplada con una mirada que no rehuye cierto intelectualismo de Starbucks, acaban muchas veces por llevar a una narración hinchada y complaciente, por momentos incluso algo suficiente -lo cual hace que nos identifiquemos todos con ella, pues parece que de algún modo nos eleva y nos halaga-, pese a ser el narrador un hombre bueno que sólo quiere el bien para los demás y tal y cual. Es probable que todo sea un problema de ambición mal resuelta. En todo caso, y para no seguir jodiendo y porque me aburro de teclear, Ford no es un mal novelista, sin duda alguna. Sabe construir novelas y personajes, lo cual ya es decir mucho. Qué más quisiéramos tener por aquí dos o tres como él y no estos maravillosos prosistas que nos endilgan una y otra vez las tribulaciones de profesores universitarios que no follan lo suficiente y que disertan sobre la esencia y la existencia a lo largo de cientos de tediosas páginas. Por cierto, Ford siempre cuenta en las entrevistas que Faulkner -esa isla solitaria en la narrativa estadounidense, pese a sus muchos y malos imitadores- fue el primer autor que le sacudió, lo cual se nota mucho en su primera novela, "A piece of my heart." Como dato curioso: la HBO ha comprado los derechos de la trilogía Bascombe, así que es esperable que de ella salgan, por lo menos, unos buenos telefilmes. Saludos.
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