
He tenido la suerte de poder viajar mucho gracias a mis padres. Es uno de los mayores regalos que he recibido en mi juventud. Gracias a ellos he podido conocer media Europa, España casi entera, Estados Unidos, ... Siempre con aventuras y desventuras. Cuando llegué a la universidad, no por nada en especial (no os imaginéis un cambio de mentalidad asociado a le entrada en la carrera ni nada que se le parezca...) empecé a imaginarme una vida en otras muchas ciudades. Me veía viviendo en muchos sitios. En el Trastevere de Roma, enfrente del Madison Square Garden de Nueva York, en un ático en Montmartre, en un estudio en la Plaza del Comercio en Lisboa o en uno de esos pisos bajos en Covent Garden, o ... Demasiada imaginación. Pero mi ciudad es Madrid, por muchos motivos. Por su ajetreo, por su vida interior. Porque es la ciudad que los madrileños menos conocemos, porque es amplia, cruel y acogedora, llena de misterios, moderna pero anclada en el pasado. Llena de esquinas con letras de canciones esperándote, con miles de callejones con las tapas de tus libros soñados rezando para que los abras. Una ciudad demasiado mágica como para empeñarte en buscar otras. Y aún así, una ciudad que se empeña en decirte en voz baja que que encuentres otra.
Por eso es inigualable, inimitable e inevitable.
7 comentarios
maria -
bely -
Anónimo -
torpin -
Tío Madrid es la ciudad de las ciudades, la amo con locura y no la podría cambiar. Cuando vine de la playa al llegar a Madrid me cambio la cara, en serio no se que haría mucho tiempo lejos de aqui.
Un saludo!
Borja -
http://www.infoaragon.net/servicios/blogs/frankeinstein/index.php?idarticulo=200405071
mercedes -
laura -