
Ya me dijeron que sin Facebook y sin actualizar el blog era más complicado que la gente se acordara de tu cumpleaños... En fin, que me encamino hacia los 30, la edad en la que los personajes de Friends se debatían entre si tomar café al Central Perk o ir a jugar al fútbol a Central Park. Me sigue haciendo gracia, no os creáis, pero la vida cerca de los 30 se asemeja más a otras cosas. Y más ahora, que vienen tiempos jodidos. El caso, y a lo que iba, es que el otro día Jens me devolvió mi guitarra. Se la presté en tiempos inmemoriales para que recuperase su gusto por la música, algo que había dejado lejos, en su país. La guitarra en cuestión es una Epiphone de Gibson, del modelo Special. Nada del otro mundo en cuanto a lo musical. Una guitarra que tiene más valor sentimental que de cualquier otro tipo; me la regalaron mis padres cuando cumplí 18 años. La tengo en el cuarto pequeño de mi casa y estos días, desde que pasé a buscarla el jueves pasado, me ha hecho, sobretodo, pensar. Es curioso lo que consiguen los objetos cuando les dotas de cierta alma, de un hálito de recuerdo, de pasado... Mucho más que de futuro, porque el pasado siempre puede volver y el futuro puede no llegar nunca. En fin, que a los pocos que resistís y volvéis por aquí de vez en cuando, feliz 2009.
2 comentarios
Andrew Dunlop -
Frank Einstein -
En cuanto a los objetos, a mí me pasó algo similar el optro día comiendo. Pero ya te lo contaré.
Y a ver si conseguimos darle algo de futuro a tu guitarra ;)