Por qué me empezó a gustar Mogwai

Recuerdo cómo hace años detestaba cómo sonaban Mogwai. En un festival de Benicassim al que fui con Borja y Lorena los escoceses tocaron antes de los Manic Street Preachers y después de Mercury Rev, o eso creo recordar. El concierto de los americanos estuvo correcto, pero no me llenó. El de los cabeza de cartel, suficiente para gustar. El de los ruidosos, atronador. En aquella época ni siquiera había escuchado lo que era el post rock y me conformaba con ser el más moderno de los míos escuchando los estrenos de Subterfuge y clásicos no del todo olvidados. Llevaba mi carpeta forrada con pegatinas de Los Planetas y Sexy Sadie. Por la otra cara, OCS y The Jam.
Mogwai saltaron sobrios al escenario y sus notas se escucharon esa noche en Benicassim y en todas las playas de poniente. La bandera escocesa que pusieron encima de uno de sus preciosos amplificadores Orange ondeaba como si se hubiera vuelto loca, yendo y viniendo, casi viva. Recuerdo ruido. Recuerdo distorsión y susurros por encima de los guitarrazos. Pero no me gustaron.
Años después me di cuenta de que no tenía tiempo bastante para colmar todo mi imaginario de relleno de tiempo libre. A saber. No soy capaz de leer algo medianamente interesante y escuchar música a la vez. Me pierdo. Flipo con la gente que lo consigue. 'Nada, me pongo música para estudiar...' Joder, que jefes. Así empecé a escuchar música que me ayudaba a concentrarme en las otras cosas que hacía. Mogwai, Tortoise, Sigur Ros, Kinski, ... Poco a poco me di cuenta de que tampoco podía leer escuchando esta música. Un concierto de Sigur Ros me puso en la pista y comprendí que la emoción a veces poco tiene que ver con las letras. Los caminos de la música son diferentes y arriesgados. Nunca renegaré de lo clásico. Pero bienvenidos los nuevos tiempos.
3 comentarios
lauri -
Un besote
Lorena -
Fernando -