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el séptimo arte

Semana de cine

Semana de cine Hace tiempo escribí por aquí una pequeña estupidez hablando de mis referentes, de mis favoritos, y diciendo que siempre tiraba de clásicos y que habitualmente olvidaba mentar a los nuevos directores que hacen cosas interesantes. Esta semana me he encontrado con Fincher y Mendes. No sólo de Wilder vive el hombre...

Esta semana he conseguido ir al cine con Lau un par de veces. Me tocaba elegir (los que tenéís pareja ya me entendéis: no siempre puedes ir a ver la película que tienes en mente. A veces tienes que ver la que tiene en mente la persona con la que vas... y me tocó ir a ver ’Valkiria’ hace un par de semanas... sin comentarios) Revolutionary Road primero, Benjamin Button después. De la primera, mucho que decir. Sam Mendes me parece un tipo que sabe dónde quiere ir. Crítico, ácido, con planteamientos tremendamente bien proyectados y con referentes clásicos excelentes, tanto a nivel cinematográfico como literario. Ya me parecieron muy buenas American Beauty y Camino a la perdición. Esta no me ha defraudado. La historia de una pareja con sueños imponderables que se pega de bruces con una realidad que anda lejos de lo que pretendía lograr es muy desgarradora, porque es imposible no verse reflejado al menos en alguna de las tramas de la misma. Di Caprio está creíble, que no es poco, aunque abusa de sus gestos y de cambiar el color de su cara para demostrar lo enfadado que está en algunas escenas. Winslet está soberbia con ese gesto que va de la risa nerviosa, esa que siempre surge cuando no entiendes qué pasa en tu vida, hasta la lágrima, nunca facilona, nunca excesiva. Por cierto, los últimos 20 minutos de película te ponen el cuerpo del revés. Sudé en el cine.

David Fincher es listo. Mucho. Si en sus comienzos hablaba de historias con un principio y un final cerrados (Alien 3 o Seven. incluso The game), sus películas más adultas hablan de un transcurso diferente de las cosas. Zodiac, injustamente olvidada por la crítica, me pareció sublime. Una película absolutamente pegada a la realidad donde la persecución desemboca en un punto que no tiene por qué ser el final de la misma. No pillan con un John Doe que juguetea con los protagonistas. Aquí el protagonista verdadero es la búsqueda en sí misma. El curioso caso de Benjamin Button es una película sobre la fugacidad de las cosas, sobre la imposibilidad de hacerlas eternas. Estoy en parte de acuerdo. La memoria es el único lugar del que no nos pueden arrebatar el dolor o la ilusión, pero a veces juega malas pasadas. La película encierra una filosofía más complicada que el hecho de que la historia en sí misma tenga una primera línea de visualización que discurre en torno a una historia realmente entretenida: un bebé que nace con una afección que le hace ir perdiendo edad físicamente. Nace viejo y va convirtiéndose en joven según pasan los días para él, aunque eso ya lo sabíais, que habréis leído 320932 crónicas y reseñas con la cara de Brad Pitt y esa señora tan estupenda, Cate Blanchet, que parece terríblemente una eslava. Ellos están muy bien, mucho. No me extrañaría que Pitt se llevara el Oscar, con tanto maquillaje y tanta entrega a una historia que, repito, si se toma en ese primer nivel resulta entretenida y resultona. No creo que Fincher quiera hablar de eso precisamente, pero esa es otra historia.

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Woody

Woody

Leía hace bien poco una columna de Enric González, el mejor periodista de este país, hablando sobre los genios. Por un lado, sobre la dificultad de mantener el nivel de excelencia en todo lo que hacen. Por otro, por el deber del público de no exigir ese nivel siempre. Se refería en un principio a series como Los Soprano o House y terminaba hablando de Woody Allen. La semana pasada fuimos Laura y yo a ver Vicky Cristina Barcelona y en seguida me alié con el periodista de El País. La película me pareció un pastiche insoportable, aunque reconozco que me reí, y no poco, con las apariciones de Penélope Cruz, lo mejor de la película y un soplo de aire fresco en una cinta que pretende ridiculizar todos los clichés mediterráneos y cae en todos ellos para que avance la narración. Lo que en otras películas del de Brooklyn está basado en la casualidad, en el azar o en el mero transcurrir de la vida y de las condiciones de las sociedades actuales, en esta supuesta sátira no tiene enganche, percha ni soporte alguno.

Además, si en la trilogía londinense, como han venido a llamar al exilio de Allen a la ciudad más bonita y más triste del mundo, los personajes utilizaban los recursos de la ciudad como escenarios en sí mismos (me acuerdo, por ejemplo, de aquella escena en Match Point en la que Scarlett Johansson y Jonathan Rhys-Meyers se encontraban en la Tate, que era un personaje más de la misma), en esta excursión a Barcelona, Allen se convierte en un turista japonés y se coloca detrás de la cámara sin tratar de sacar nada más que lo que el entorno mismo aporta. La azotea de La Pedrera, el Parque Güell o la Sagrada Familia están muy vistas en postales. Bien es cierto que Scarlett queda muy guapa en los encuadres y que Bardem es el actor que mejor hace de Bardem del mundo. Además, cuando sale Pé, la cosa es diferente y la narración fluye.

En fin. Lo que decía al principio suscribiendo lo que contaba Enric González. A un tipo que me ha regalado Balas sobre Broadway, Manhattan, Annie Hall, Delitos y faltas, Zelig o Desmontando a Harry no le puedo pedir lo mismo todos los años. Me conformaré con ver a Alvy Singer y a Annie Hall hablandome a los ojos mientras sueñan con una fila de enanitos siguiendo a Blancanieves.

Cine para todos...

Cine para todos... O no tanto. Siempre ha habido en Hollywood directores lo suficientemente inteligentes para disfrazar sus obras. Aquello que en un principio parecía un western, acababa siendo una maravillosa película coral con historias que nada tenían que ver con los apaches y la búsqueda del oro. Lo que comenzaba siendo una road movie en la que una chica robaba mucho dinero y pasaba la noche en un motel de carretera, terminaba por ser un thriller tremendamente elaborado, que circulaba por las mentes del espectador, jugeteando con el siguiente plano. El cine de género y la eterna discusión de si los corsés temáticos destrozaban buenas películas. Yo por mi parte, no lo creo siempre que el director era bueno... Pero a lo que voy: no demasiados directores, pero sí algunos, han conseguido que sus películas aparentemente para todos los públicos, aparentemente super hits taquilleros sin nada que decir, fueran en realidad films que no sólo gustaban a aquellos que iban buscando lo primero, sino también a quienes querían más profundidad en la película. Este verano me ha pasado, evidentemente y colleja para el que no lo hubiera pensado ya, con Batman: el caballero oscuro, y con Wall-E.
La primera no sólo supone una introspección impresionante en la mente del malo (algo que no voy a repetir, porque habréis leido ya a 300 que lo han escrito mejor que yo), sino que consigue hacer un elogio nada circunstancial sobre la democracia, lo que defiende el teniente Gordon, y no Batman, que lucha contra Joker con sus mismas armas: anarquía, un comportamiento al margen de la ley... Es una visión más que curiosa, aunque bien es cierto que el accidente y el cambio de Dent lo cambian todo, pero esa es otra historia.
Wall-E, por su parte, es la primera película que he visto en mi vida en la que en la primera hora de duración no había diálogos y he disfrutado enormemente. Reconozco que Pixar termina por ser un poco maniquea, pero creo que es una película tan sumamente bien rodada, con tantas cosas buenas... Y por cierto: no es una historia sobre ecología. Es una historia de amor. Esa es la trampa, como pensar que Batman es una película de superhéroes, La Diligencia una de vaqueros o Psicosis una de polis y ladrones.

Heroes, cine, series

Heroes, cine, series Soy de los que piensa que hay algunas series que han logrado convertirse en el verdadero paradigma de la evolución misma del cine. O pensándolo mejor, no en su evoución, sino en la recuperación de algunas esencias que se estaban perdiendo. Y es así, sobretodo, porque aportan concepciones originales y argumentos poco habituales. Están excelentemente rodadas, tienen unos guiones fabulosos, intérpretes cojonudos... y también es cierto que gozan de presupuestos que enmudecerían a las series españolas más caras y menos originales. Pero esa es otra historia. La HBO ha conseguido con Th wire, Los Soprano, Band of brothers o mi admirada Deadwood (de la que ya haré un post más amplio, porque es magistral) revolucionar la pequeña pantalla y que vea la tele más allá de los episodios repetidos de los Simpson y Padre de Falimia. Más allá de HBO también hay vida, por supueso. Sigo House, aunque la última temporada me pareció excesivamente impostada y carente del interés de las tramas de las anteriores, y soy absoluto fan de Heroes, pese a que la huelga de guionistas en EEUU ha conseguido que la segunda temporada esté por debajo, muy por debajo, de la primera. Ya me gustaban los comics de Loeb y Sale, pero el primero ha hecho junto a Kring un trabajo cojonudo y lleno de matices en la serie. Espero que la tercera temporada responda a las esperanzas que la primera consiguió que depositáramos en ella.

El cine

El cine

Siempre me gustó el sabor del cine. Su estética. Sus pequeños ritos catárquicos que te permitían ausentarte de lo que había fuera de la sala durante un par de horas. Sus pequeños ruidos, las linternas que se encienden para acomodar a los que llegan tarde (mi caso, en tal vez demasiadas ocasiones)... Las butacas fueron cambiando desde aquellas sillas del recinto de verano de Gandía donde mis tías solían llevarme, hasta convertirse en sillones con aparejos para dejar hasta el casco de la moto, donde si la película no cumple las espectativas, puedes echar un sueño placentero. La música de las promos, el ruido del proyector empezando a funcionar, la luz que permite que veas las motas de polvo que giran revoltosas por la sala... Son ritos maravillosos de los que disfrutas más en el recuerdo, en el sabor al paladear lo que has pasado. En el momento en el que las luces se apagan del todo, para mi, no hay palomitas, acomodadores o cabezas delante. Sólo hay magia, aunque pueda sonar a cursi.

En los últimos años han desaparecido los cines que solía visitar cuando era pequeño. Casi se han difuminado hasta sus nombres, y los carteles se han transformado en enormes construcciones con viviendas para solteros de nueva generación. Los cines de barrio desaparecen, aunque no seré yo el que se queje por el avance. A aquellos que prefieren el sabor de lo añejo, les comprendo. Pero sigo pensando que las nuevas salas tienen muchas ventajas y mejores condiciones para disfrutar de las películas, aunque últimamente estoy descubriendo un enorme e inexplorado mundo en el DVD. Buenas ediciones, versiones originales impagables de clásicos que no puedes ver en la gran pantalla y la oportunidad de revisar algunas cosas que antaño no te terminaron de convencer. Una que siempre me convenció fue El hombre tranquilo, el ocaso luminoso del más grande director de todos los tiempos: John Ford. La vuelta a sus orígenes, la recreación portentosa de cómo un hombre baja del ring y sigue combatiendo contra los mismos fantasmas que le acosaban antes. Y además, Maureen O'Hara está tan guapa como el cielo irlandés. Y ya que estáis, no dudéis en haceros con La diligencia y Centauros del desierto, que andan en las series medias de todos los hipermercados de España... y da pena que se agoten antes los DVD's de Transformers que estos............

Good night and good luck

Good night and good luck La verdad es que he notado que cuando escribo sobre cine, los comentarios menguan... Tendré pocos lectores cinéfilos. Simplemente un pequeño apunte sobre los Oscar de este año. Los hermanos Cohen han repetido en esta edición con 'No es país para viejos' lo que hizo Martin Scorsese el año pasado con Infiltrados: ganar un oscar por una de sus películas menos importantes. Los Cohen tenían Fargo, Muerte entre las flores, Oh Brother o El gran Lebovsky como cintas que definían de una manera mucho más concluyente su cine. En Scorsese ni siquiera me detengo, porque eludir Toro Salvaje o Taxi Driver, que son parte fundamental del cine del siglo XX, me parece ridículo, como su Oscar por Infiltrados, que es una película curiosa, pero que para nada será recordada por nada más allá del premio de marras. 
Por lo demás, el premio para Bardem me parece muy justo, aún no he visto Pozos de ambición ni Juno, por lo que no puedo hablar ni de Daniel Day Lewis ni del guión original. Supongo que el premio de Lewis viene a ser un pequeño reflejo de lo de los Cohen y Scorsese que comentaba antes: uno de los mejores actores vivos haciendo una película arriesgada. Por otra parte, ¿no le damos demasiada importancia a los premios? 

Por lo demás, en líneas generales, mi vida sigue por cauces inexplorados. Mi trabajo es, cuando menos, curioso. La vida en casa es estupenda pese a echar de menos en momentos puntuales cosas que solía hacer antes. Y en las próximas vacaciones viajo a Inglaterra de nuevo. Podré enseñar a Laura el poblado medieval de Canterbury, las callejas de Oxford y, si me da tiempo, podré conocer Bath. Pero el tiempo en Inglaterra siempre es poco cuando Londres está por medio... 
Y ahora, como decía ZP, buenas noches y buena suerte. 
(El martes trataré de hacer un pequeño resumen sobre los debates electorales... si alguien no lo remedia antes) 

Dos pequeñas joyas

Dos pequeñas joyas La semana pasada he conseguido ir al cine a ver un par de películas que tenía atragantadas. Me explico. Sale una peli. Me esfuerzo en ir a verla. Surgen millones de asuntos que, en el momento en el que ven la luz, parecen primordiales. Los atiendes. Dejan de ser primordiales y la película que tenías ganas de ver desaparece de la cartelera, porque en este país seguimos haciendo más caso a Rambo que al Valle de Elah. El caso es que el miércoles fui a ver lo último de Paul Haggis, con un Tommy Lee Jones en estado de gracia. Una fábula que supera la moralidad vacía de lo bueno y lo malo (qué malos los americanos por ir a Iraq, qué buenos los iraquíes, pobrecitos ellos y toda esa fanfarria llena de ruido interesado) y se asoma a los dilemas morales del post Iraq con todas las consecuencias. La manera de narrar de Haggis me parece, además, espectacular. No hace caso a esa doble moral tan americana y se centra en un discurso esencial, que llena de un halo de trascendencia necesario y olvidado en el cine (y acaso en la cultura) actual. Es el martillo de la crítica al calor de una historia bien contada. Si acaso le puedo sacar críticas, que es como ver una canción mala en un disco de 20 temas de los cuales 19 son cojonudos, es el aparente maniqueísmo del final, algo naif y acomplejado para el resto de la película. De todas maneras, imprescindible. Por cierto, y al cabo de esta peli. Leí una entrevista realmente interesante a Martin Amis, en la que apuntaba verdades como puños: la actual sociedad occidental es superior moralmente al regimen talibán, por ejemplo. De hecho, el periodista, intrigado, cuestionaba al provocador tras la máxima. Y el tipo la mantenía, con dos cojones. ¿Cómo no voy a ser superior yo a un tipo que le tira piedras a los perros? decía el escritor inglés... Muy curioso. Acaba de sacar libro, por cierto. 
El viernes pasé a buscar a Laura y nos acercamos a ver 'Sweeny Todd', la película más oscura que ha filmado hasta hoy Tim Burton. Un musical (apenas hay diálogos, así que los que aborrezcáis el cine cantado evitadla) en el que el protagonista no deja entrever momento alguno de bondad. Todas las películas de Burton (es cierto que el guión de ésta no es suyo, sino que está basado en un cuento probablemente escrito al calor de una época en la que los asesinatos en Londres estaban a la orden del día) tienen un intrincado escalafón ético en el que el personaje demonizado por todos tiene: bien motivos para ser malvado, bien escapatoria para dejar de serlo, bien no era malvado en absoluto. En esta historia el barbero navajero es malo de cojones y se entrega a la venganza a pesar de que se le ofrecen salidas. Por otro lado, la película es muy recomendable. Hasta divertida, si no sois aprensivos... Y Johnny Depp canta, y no lo hace mal. 
La semana que viene, Pozos de ambición, de mi adorado Daniel Day Lewis. Veremos si el director le ha dado tanta manga ancha como dicen... Un Paul Thomas Anderson del que ya he leído comparaciones con Kubrick... Nada menos... 

Promesas

Promesas El sábado pasado fui al cine. Hacía cerca de un mes y pico que no iba, y me había acostumbrado, sano hábito, a ir al menos un par de veces al mes. No sé si me estoy haciendo viejo, si es que el bolsillo aprieta o simplemente que cada vez hay menos cine decente o yo soy más gilipollas y no sé apreciar lo bueno. De todas maneras compruebo que aquello que me decían mis padres hace años era cierto: una vez entras en la rutina de piso-trabajo-pareja, lo que antes era habitual comienza a espaciarse en el tiempo y en las ganas. Veo menos a mis amigos, salgo menos de juerga, voy menos al cine, escribo menos... Supongo que derrochas tu poco aliento vital trabajando para otros en lo que termina por ser una concatenación de acontecimientos que terminan siempre igual. De vez en cuando añades pequeños destellos a tu día a día y por eso estamos vivos, supongo. Para poder llorar, reír, cagarte en la madre de alguien, emborracharte por algún buen motivo cuando la ocasión lo merece, echar de menos a quien no lo merece y a veces, incluso, a quien sí. El caso es que, ya sabéis que siempre me voy por las ramas, estuve viendo Promesas del Este. Me gustan mucho algunas películas de David Cronemberg y la anterior, Una historia de violencia, me pareció sublime a pesar de que el papel de William Hurt (y mira que es William Hurt) no me pega. En esta me pega todo. El ritmo es perfecto, el guión es duro y cortante, la estética es cojonuda y los actores están perfectos. Viggo Mortensen se reinventa cada plano, Casell está cojonudo... En fin, gran película. Os la recomiendo. Además el tema es complejo: la inocencia. Un bebé, su madre muerta y una banda de la mafia rusa que se entremezcla con una enfermera en Londres. Por otra parte, un disco que me ha llamado la atención: Bandini, una banda española, ha publicado The sunny album. No sé, me ha gustado. Y son de aquí de Madrid...

 

Algo rápido para degustarlo despacio

Algo rápido para degustarlo despacio

Escuchad el último disco de Ben Harper, Lifeline. No puedo hacerle méritos sólo con un par de palabras. Soul, blues, música negra y unas letras increíbles.

Y justo después ponéos el último de Richard Hawley. Pero qué bueno es el cabrón.

Para terminar, leeros los libros de crónicas de Antonio Lobo Antúnes. Y llorad.

Besos.

Fantasía

Fantasía Siempre me han gustado los libros y películas de fantasía. Recuerdo mi adolescencia marcada leyendo a Tolkien o los caducos y nunca bien ponderados libros de Dragonlance, con sus episodios semi eróticos incluídos. Una vez, cuando tenía... 13 años, creo, fui con mi padre a dar una vuelta. NUestros pasos nos llevaron a una librería excelente que hay en la calle Fernando VI, al lado de la SGAE. Entre libros y libros mi mirada se posó en la trilogía del Señor de los anillos y en un par de libros de Michael Ende. Costaban un buen dinerete, ese que cuando tienes 12 o 13 años no sabes valorar y sobre el que pongo mi vista atrás ahora comprobando que era mucho. Mi padre me miró angustiado, me preguntó si los quería, y 15 años después (ayer terminé mi mudanza) decoran mi estantería MALMÖNK de IKEA en mi casa. Laura y yo compartimos ahora además una colección bastante apañadita de películas de nuestra infancia, desde Los Goonies hasta Los Cazafantasmas. Y ese halo que nos ha venido a llamar fantasía es un logro difícil de conseguir hoy en día. Ese poso del Romanticismo más radical que supo adaptarse a los tiempos se está perdiendo, porque los chavales de hoy prefieren ver una teta que un conjuro de magia. 
El otro día estuvimos viendo Harry Potter y la órden del Fénix. Y no me gustó. SU ritmo de videoclip trasnochado de 24 hour party people con destellos de fuegos artificiales saliendo de todos sitios me dejó frío e insatisfecho. Los personajes son planos, la historia tiene flecos por todos sitios, la música es peor que en las otras entregas (se nota que ya no está John Williams) y.... bueno. Todo eso. No os la recomiendo. Merece mucho más pena revisionar... qué os digo... hasta Legend. 

Estáis por cierto invitados a café con pastas de rigor en mi ya completa casa. Besos. 

No tanto, pero sí mucho

No tanto, pero sí mucho Ayer vi con Laura 'Pequeña Miss Sunshine'. Fue una experiencia muy especial porque, para empezar, fue la primera película que vimos en nuestra casa. Parece una tontería, pero son ese tipo de cosas que recuerdas de manera especial. Mola hacer cosas por primera vez, a pesar de que puede parecer tonto pensar que esa ocasión va a ser mejor que otras por el hecho de ser la primera. Cosas de los recuerdos. El caso es que la película me gustó. Mucho. Pero no tanto como yo pensaba que me iba a gustar. No llega a ser una decepción, porque disfruté viéndola. El abuelo yonki, el hermano mudo fan de Nietzche, el padre, escritor de fórmulas de éxito de esas tan de moda, que fracasa una y otra vez y el tío, un profesor universitario homosexual experto en Proust que se intenta suicidar sin conseguirlo. El argumento acaba por ser cíclico, porque es la historia de muchos fracasos y de como uno de ellos acaba por ser un verdadero triunfo. El padre no vende su libro. El tío no consigue suicidarse. El abuelo no logra ver ganar a su nieta el certamen de belleza al que se ha inscrito.... Cada uno con su frustración personal. El final de la película os dice porqué ese pequeño fracaso de la niña pone todo en su sitio. Muy buen argumento, con el tema del abuso laboral infantil de por medio y con una crítica voraz a los estereotipos de belleza que imperan, excelente fotografía y un guión logradísimo. Los actores perfectos y una música muy a tono. Os gustará. 
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Scorsese e Infiltrados

Scorsese e Infiltrados Leía el otro día el post de Pedro sobre Infiltrados, la última película de Martin Scorsese, uno de mis directores fetiche que más horas me ha tenido delante de la pantalla por culpa de maravillas como Taxi Driver, Toro Salvaje, El color del dinero, Uno de los nuestros, Casino o Gangs of New York. Cuando leí el comentario de Pedro aún no había ido al cine a verla y hasta ahora no me había dado tiempo a contar nada sobre ella. Y hay mucho que contar. En primer lugar, rescatar a Leonardo Di Caprio del lugar donde le puso Titanic. Parece que los ’Niños guapos’ del cine norteamericano no tienen más remedio que empezar haciendo papeles lamentables de galanzuchos con miradas penetrantes para luego seguir con su vida y poder elegir guiones. Algunos fracasan irremediablemente. Otros, los que tienen talento, destacan. Odié a di Caprio en Romeo y Julieta, en Titanic o en La Playa, pero ya había hecho papeles interesantes como en Diario de un Rebelde o en A quién ama Gilbert Grape? Su inclusión en Celebrity, una de las películas que menos me gustan de Woody Allen, le convenció de que podía ser bueno, y después de ella se puso bajo la falda protectora del capo italiano, que le dio tres papeles cojonudos: el protagonista de Gangs o New York, al lado de uno de los mejores actores de la historia (Daniel Day Lewis), el protagonista de The aviator (le dieron un Globo de oro) y un papel coral compartido en la película que nos ocupa. En Infiltrados da brillo a un guión bastante bueno. Además ahora es bastante más feo que antes. Y eso me mola. Segundo. No me mola Matt Damon. Me parece un actor mediocre con una sonrisa absurda que es incapaz de contener. Desconozco si lleva pequeñas enanas en los bolsillos que se la van chupando mientras camina, pero no me mola la gente que se ríe contínuamente. Desconfío de ellos. Y más en una película de Scorsese. Matt, tío. ¿Viste al puto Travis Blicket riéndose en alguna escena de Taxi Driver? Ni de coña. Tercero. He leído varias críticas que ponen por las nubes la actuación de Jack Nicholson. Reniego de ellas. Nicholson me parece un actor en una cuesta abajo que no ha sabido asimilar. Ya no actúa. No me convence con su papel de ganster pasado de vueltas cocainómano y putero. Para nada. Demasiado fácil. No consigo reconocer al actor del Cuco, de Chinatown o del Honor de los Prizzi. Tiene cerca de 70 años y mientras que otros grandes supieron dar lo mejor de sí mismos en esta etapa de sus vidas, a Nicholson le ofrecen el papel con el que cualquier otro actor olvidado hubiera vuelto a la cima y lo desperdicia. Pena. Cuarto. Siempre me ha flipado el trabajo que Scorsese hace con los actores de reparto. Martin Sheen, Mark Walhberg o Alec Waldwin hacen que la película brille más.
Y quinto. Infiltrados merece la pena a pesar de que falta Nueva York (está rodada en NY, pero la acción se desarrolla en Boston), Robert de Niro (qué gran papel habría hecho como jefe de policía) y Joe Pesci (esta vez la familia mafiosa es irlandesa, no italiana) y sobre un disparo al final de la cinta. Por supuesto, no os contaré el final. Soy de los que joden películas. Pero sólo las malas.

Increíble

Increíble Esta mañana he estado viendo la última de Woody Allen en un avance para la prensa. Me ha parecido magistral, de nuevo. Tal vez no llegue a los niveles de Match Point, que me pareció la mejor película de Woody Allen en los últimos diez años, pero mantiene su tono habitual y su genio a la hora de narrar. Hay una cosa que me atormenta y me maravilla a la vez, como las dos caras de una moneda. Uno puede tener una actuación genial. Puede escribir un libro increíble, rodar una película de puta madre o componer una canción que trascienda. Pero hay gente sumamente especial que es capaz de hacerlo siempre, de mantener una ruta de increíble trascendencia durante toda su puta vida. Así lo hace Woody Allen, así lo hace Bob Dylan, así lo hacen los grandes. Sólo los genios pueden llegar a esos niveles. Y qué pocos genios hay... y qué duro resulta saber que uno nunca llegará a ser uno de ellos.

El segundo de marras

El segundo de marras

Segundo duelo, a ver qué os parece. Y a ver si contestáis todos carallo, que esto es pa participar.

      Robert de Niro vs Al Pacino

Ya sabéis más o menos qué ha hecho cada uno. De Niro es el actor fetiche de Martin Scorcesse y el sucesor de Marlon Brando. Toro Salvaje, Taxi Driver, la II cinta de El Padrino (Vito Corleonne en el flashback), Once upon time in America, La misión....... Tantas...

Al Pacino ha hecho cosas como su Michael Corleonne de la segunda parte de El Padrino, que es memorable, o Esencia de Mujer, donde por cierto compartía cartel con un actor muy de moda hoy en día, Philip Seymour Hoffman. Su papel de ganster retirado en 'Carlito's way' es lo mejor que han dado al cine los 90. Un clásico que ha sabido envejecer y convertirse en tal. Ahí os lo dejo. No sé ómo se ponen dos fotos, así que os conformáis con una.

 

Un par de últimas compras

Un par de últimas compras Sólo dos referencias que me han parecido interesantes.
Por un lado, dos películas enormes que me he comprado por ....... ¡¡¡¡¡¡5,90 € cada una!!!!!!!!! Y Torrente 3 costaba 21... En fin.
- Cowboy de medianoche, de John Schlesinger y protagonizada por Dustin Hoffman, Jon Voight - O cómo hacer de una historia de dos hombres perdidos una obra de arte. Tal vez la mejor película de los 60.
- El hombre tranquilo, de John Ford - El mejor film del mejor director de cine de la historia. El único que tiene derecho a llamarse clásico. Altamente recomendable.

- We shall overcome. The Seeger Sessions, de Bruce Springsteen. Para todos aquellos que piensan que Wilco son quienes mejor conocen la cultura folk americana. Impresionante.

No es otra película americana pro semita

No es otra película americana pro semita Anoche estuve viendo Munich, la última obra de arte de Steven Spielberg. Un alegato semita dicen algunos, un intento de reconciliación con el mundo, dicen otros. Una película de lucha interior y de verdadera profundización, digo yo. La historia no es otra que lo que sucedió después de los atentados contra atletas israelíes, por parte de terroristas palestinos, el grupo llamado Septiembre negro, en las Olimpiadas de Munich de 1972; Israel, en respuesta, envía un grupo de cinco hombres que viajando por medio mundo, irán asesinando a personas implicadas en dichos atentados. Sin explicaciones, sin lamentos, sin tiempo para reflexionar. Eric Bana refleja a la perfección el estatuto contemporáneo de hombre ensimismado en su trabajo que se plantea si lo que está realizando está bien o no, pero que no puede dejar de hacerlo porque, a fin de cuentas, la vorágine en la que se ve inmerso le obliga. Ese es el trasfondo moral de la historia, que se detiene mucho en la lucha interior (o la falta de ella) en que viven los protagonistas. Por otra parte, Spielberg decididamente se desmarca de los convencionalismos de otras películas. No deja satisfechos ni a los israelitas ni a los antisemitas. Prueba de que está en un punto de narración imparcial prodigioso. Qué gran cosecha de películas ha habido este año en EEUU. Luego habrá quien me cuente milongas sobre que el cine americano es comercial y para las mayorías... Lo siento, odio a Kiarostami, a Victor Erice y a Angelopoulos.
Por cierto, un libro muy recomendable para los que quieran saber más sobre el tema de la peli: 'One day in september', de Simon Reeve.

Un cadaver a los postres

Un cadaver a los postres Ha estado Laura un poco pachucha el fin de semana pasado, y aprovechando que teníamos un montón de pelis en mi disco duro para verlas, pues nos pusimos Un cadaver a los postres. Curiosa película, mal finalizada, pero que deja un regusto dulce que la convierte en una pequeña obra de arte. Genial Peter Sellers, geniales David Niven,Peter Falk y Alec Guinness. Me dijeron el papel de Sellers lo iba a haber representado Orson Welles, pero su ego pudo más que su humor. En fin. Curiosa y recomendable. Y con Truman Capote en los textos y como 'malo' de la peli, ahora que está tan de moda. Y por cierto, Borja está terminando el libreto de la obra de teatro sobre esta peli. Espero ansioso.
Pero a lo que viene todo esto. Acaba de dimitir Florentino Pérez. Me pilla por sorpresa. De verdad. Es increíble que me haya tirado 3 años tratando de que Pérez se fuera del Madrid desde un medio de comunicación (no por gusto, sino por profesión... igual que otros le defendían, a mi me tocó atacarle...) y ahora que me he ido coja el tipo y se rinda. Ha sido el presidente del Real Madrid que menos ha sabido de fútbol y que más ha sabido de presidir, aunque sus métodos han sido los que le han matado. Como en la película. Se ha ido del Madrid con honor y con personalidad, y eso es lo que define a un hombre. Cuando es honorable en los malos momentos.

Buenos días y buena suerte

Buenos días y buena suerte

Llevo bastante tiempo sin escribir, y es por varios motivos. A saber y a saber cuáles. He dejado el periódico en el que trabajaba, por lo que no tengo oficina. Aún no he empezado en mi nuevo trabajo, por lo que (again) no tengo oficina. Y Telefónica y Auna (ahora ONO) se han puesto de acuerdo para dejarme sin conexión en casa, así que hoy le rateo Internet a Laura desde la suya para poder contaros alguna cosa.

Por una parte, cine. He acertado en lo último que he visto. De pleno. Brokeback Mountain es intensa, interesante y tremendamente acertada. No trata de dos cowboys homosexuales, sino de la lucha del hombre por vencer los convencionalismos para llegar a la felicidad. Y de lo jodido que es esto. Y de las pocas veces que se consigue. Gran película y dos actores en estado de gracia.

Luego estuve viendo Crash con Laura. La sorpresa del año. Cómo hacer un alegato antirracial de manera original y manteniendo las formas. Tremenda, y mi favorita para guión original, sin duda. Reparto coral (está bien hasta Sandra Bullock) (flipad) y sorpresas entre los actores. Muy buena recomendación.

Y el domingo, Buenas noches y buena suerte. COmo periodista, mi favorita. Aún no me creo que Clooney sea tan listo el mamón. Dura, puñetazo en la mesa contra el sistema y el puritanismo americano y con gran carga documental. LA fotografía es impresionante y la música, genial.

Me faltan Capote, que es mi elección de esta semana, y Munich, que vendrá la que viene. Me gusta ir al cine. Y me gusta el cine en sí mismo, porque es la expresión más absoluta de comunicación. Seguiremos informando.

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No es una película. Es una ópera

No es una película. Es una ópera

Había escuchado muchas críticas a la última película de Woody Allen. Demasiadas para ser una del genio. Fui a verla al cine el otro día y salí del cine con la misma sensación de siempre. Allen es un director capaz de cambiar el mundo en un plano; cada secuencia parece innecesaria pero acaba por completar un puzzle. Woody Allen no es más (quien lo fuera) que un contador de historias. Es el Bob Dylan de Subterranean homesick blues con imágenes. Y esta vez, aparte de haberse mudado de ciudad, se dedica a recrearse en varios asuntos. EL primero, su pasión por la música, porque Match Point es una ópera, de principio a fin. Un tema, en principio, manido como un juguete en una cuna, pero que acaba por convertirse en un drama de proporciones mundiales. Y el segundo, la suerte. Hace mucho escribía un post acerca de esto. La suerte es lo que define quien triunfa en la vida  y quien no lo hace. Dejémonos de estupideces. De cada cien tíos con talento, uno sale adelante gracias a eso. Los demás, sombras grises de lo que podrían haber llegado a ser. El otro 99% de los que triunfan se lo deben a la fortuna. Y eso es lo que trata de hacernos entender Allen en su primera película londinense.

Y encima, aparte de todo esto, Scarlett sale preciosa. Woody Allen se ha vuelto a burlar del mundo. Una vez más. ¿Lo habrá creado él?

Alta fidelidad y la independencia

Alta fidelidad y la independencia AYer volví a ver la peli de Stephen Frears. Van ya... creo que siete con esta. Nunca me canso. Cualquiera es capaz de sentirse super identificado con Cusack, con la banda sonora, que es impresionante, y con la historia de pérdida, desconsuelo y reconquista que representa. Nick Hornby, el autor del libro, es una especie de semidios del mundo editorial anglosajón que empezó siendo tan indie como los Teenage Fanclub, pero que ha terminado escribiendo lo mismo para grandes compañías. Un tipo inteligente. El debate está abierto. La independencia debe ir unida a los cánones de publicación minoritarios o un autor debe buscar siempre el mayor número de gente posible con su libro entre las manos....
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