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Dos pequeñas joyas

Dos pequeñas joyas La semana pasada he conseguido ir al cine a ver un par de películas que tenía atragantadas. Me explico. Sale una peli. Me esfuerzo en ir a verla. Surgen millones de asuntos que, en el momento en el que ven la luz, parecen primordiales. Los atiendes. Dejan de ser primordiales y la película que tenías ganas de ver desaparece de la cartelera, porque en este país seguimos haciendo más caso a Rambo que al Valle de Elah. El caso es que el miércoles fui a ver lo último de Paul Haggis, con un Tommy Lee Jones en estado de gracia. Una fábula que supera la moralidad vacía de lo bueno y lo malo (qué malos los americanos por ir a Iraq, qué buenos los iraquíes, pobrecitos ellos y toda esa fanfarria llena de ruido interesado) y se asoma a los dilemas morales del post Iraq con todas las consecuencias. La manera de narrar de Haggis me parece, además, espectacular. No hace caso a esa doble moral tan americana y se centra en un discurso esencial, que llena de un halo de trascendencia necesario y olvidado en el cine (y acaso en la cultura) actual. Es el martillo de la crítica al calor de una historia bien contada. Si acaso le puedo sacar críticas, que es como ver una canción mala en un disco de 20 temas de los cuales 19 son cojonudos, es el aparente maniqueísmo del final, algo naif y acomplejado para el resto de la película. De todas maneras, imprescindible. Por cierto, y al cabo de esta peli. Leí una entrevista realmente interesante a Martin Amis, en la que apuntaba verdades como puños: la actual sociedad occidental es superior moralmente al regimen talibán, por ejemplo. De hecho, el periodista, intrigado, cuestionaba al provocador tras la máxima. Y el tipo la mantenía, con dos cojones. ¿Cómo no voy a ser superior yo a un tipo que le tira piedras a los perros? decía el escritor inglés... Muy curioso. Acaba de sacar libro, por cierto. 
El viernes pasé a buscar a Laura y nos acercamos a ver 'Sweeny Todd', la película más oscura que ha filmado hasta hoy Tim Burton. Un musical (apenas hay diálogos, así que los que aborrezcáis el cine cantado evitadla) en el que el protagonista no deja entrever momento alguno de bondad. Todas las películas de Burton (es cierto que el guión de ésta no es suyo, sino que está basado en un cuento probablemente escrito al calor de una época en la que los asesinatos en Londres estaban a la orden del día) tienen un intrincado escalafón ético en el que el personaje demonizado por todos tiene: bien motivos para ser malvado, bien escapatoria para dejar de serlo, bien no era malvado en absoluto. En esta historia el barbero navajero es malo de cojones y se entrega a la venganza a pesar de que se le ofrecen salidas. Por otro lado, la película es muy recomendable. Hasta divertida, si no sois aprensivos... Y Johnny Depp canta, y no lo hace mal. 
La semana que viene, Pozos de ambición, de mi adorado Daniel Day Lewis. Veremos si el director le ha dado tanta manga ancha como dicen... Un Paul Thomas Anderson del que ya he leído comparaciones con Kubrick... Nada menos... 
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2 comentarios

Sergio -

A veces el destino y google nos dan estas sorpresas... Muchas gracias por leerme, gracias de veras.

TATIANA ... -

Bno caballero apareci en tu blog como x una mala busqueda de definiciones.
empece a leer sin fijarme en que sitio estaba, ps mi computador ya casi es una reliquia y tarda en ingresar a las pag asi que lo deje en instantes y cuando llegue he aqui un rotulo "un lugar donde arder" me perdonas si me equivoco
en fin personaje s como vos a veces no se encuetran y otras veces cuando los encuentras desaparecen . me gusto y x eso te dejo mi msn nataurca@hotmail.com
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